lunes, 3 de septiembre de 2007

GUSTAVO NÚÑEZ Guitarrista y guitarra

Son guitarra y guitarrista
romanticismo y poesía,
ella trae la fantasía
con que se viste un artista.
Él plasma sobre la pista
los movimientos profundos
con que en cuestión de segundos
entreteje historias rotas
que luego se vuelven notas
aromatizando al mundo.

El guitarrista ejercita
su euforia en rítmicas danzas,
sus dedos sobre seis tanzas
dictan la muestra infinita.
Cada acorde resucita
la tarea presuntuosa,
con el artista reposa
la guitarra en cada brazo
como acunando al ocaso
entre un madrigal de rosas.

La guitarra frenesí
acunada en un bemol,
en un do, re, mi, fa, sol,
germinan un la y un mi.
Emulando a un camoati,
en armonía y dulzura,
despierta en su arquitectura
las formas de una mujer
erupcionando en su ser
las bases de una cultura.

Metamorfosis instinto,
simbiosis de una reacción
teniendo un punto de acción
en algo nuevo y distinto.
El guitarrista precinto
de una barca sin frontera,
la guitarra mensajera,
ilusionando la aurora,
da una melodía canora
su garganta de madera.

La guitarra se silencia
si el hombre ya no la pulsa
ya que este quien la impulsa
y da vida a su ponencia.
Da el guitarrista asistencia
a sus cuerdas musicales,
igual que seis pedestales
marchan ambos a la pista
sean guitarra y guitarrista
esencialmente inmortales.